[PRENSA] Agua caliente sanitaria: las claves para reducir el consumo energético sin perder confort

La producción de agua caliente sanitaria (ACS) representa uno de los principales consumos de energía en edificaciones. Una adecuada gestión, el mantenimiento de los equipos y la incorporación de tecnologías pueden disminuir los costos.

Eficencia energética
Aunque suele pasar inadvertida dentro del consumo doméstico, la producción de agua caliente sanitaria (ACS) constituye uno de los principales usos de energía en viviendas y edificios. En el sector residencial chileno representa el segundo mayor consumo energético después de la calefacción y, de acuerdo con los especialistas, existe un amplio margen para mejorar su eficiencia sin afectar el confort de los usuarios.

El docente del Departamento de Ingeniería Civil de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, Matías Yachan, explica que el agua caliente sanitaria equivale, en promedio, al 16% del consumo energético residencial a nivel nacional. Sin embargo, advierte, analizar esta cifra de manera porcentual puede generar confusión, ya que “el consumo de calefacción varía fuertemente según la zona del país. En el norte, por ejemplo, el ACS llega a representar el 27% del consumo energético residencial, mientras que en el centro y el sur baja a 18% y 7%, respectivamente”.

No obstante y en términos absolutos, el consumo es similar en todo Chile: una vivienda promedio utiliza cerca de 1.400 kWh al año para producir ACS. “Si se considera el precio actual del gas, ello representa un gasto mensual cercano a los $18.000 o $20.000”, detalla.

Agrega que de todas las edificaciones —viviendas, oficinas, colegios hospitales, centros comerciales, entre otros— “las viviendas consumen el 80% de la energía, por tanto disminuir el 16% que significa el ACS impacta una cantidad similar a toda la energía del resto de las edificaciones juntas”.

Primeras medidas
Más allá del tipo de tecnología utilizada, los expertos coinciden en que una operación adecuada del sistema permite obtener ahorros significativos.

Pablo Rubilar, coordinador de Infraestructura Local y Edificaciones de la Agencia de Sostenibilidad Energética (AgenciaSE), sostiene que “la producción de agua caliente sanitaria es uno de los usos energéticos más relevantes tanto en viviendas como en edificios públicos, comerciales e industriales. La buena noticia es que existen numerosas medidas que permiten reducir significativamente el consumo sin afectar el confort de las personas”.

Entre ellas están regular correctamente la temperatura para evitar sobrecalentar el agua, realizar mantenciones periódicas, eliminar incrustaciones y verificar el correcto funcionamiento de calefones, calderas o bombas de calor.

También subraya la importancia de aislar térmicamente tuberías y estanques de acumulación para disminuir las pérdidas de calor durante la distribución. En edificios, añade, resulta igualmente relevante optimizar los sistemas de recirculación, ya que cuando funcionan de manera permanente o sin controles adecuados pueden incrementar innecesariamente el consumo energético.

Coincide Yachan, agregando que muchas pérdidas tienen origen en aspectos aparentemente simples. Explica que la falta de mantención puede reducir cerca de un 10% la eficiencia de los calefones, mientras que las cañerías sin aislación generan pérdidas que pueden alcanzar el 20%, especialmente en edificios con recorridos extensos de distribución.

Bombas de calor y energía solar ganan terreno
En materia tecnológica, las bombas de calor aparecen como una de las alternativas con mayor potencial para mejorar la eficiencia energética.

Rubilar explica que estos equipos “si bien requieren una inversión inicial superior, permiten reducir significativamente los costos operacionales en el mediano y largo plazo, además de disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero”.

Una evaluación similar realiza José Miguel Cardemil, director de SERC Chile y profesor de la Escuela de Ingeniería de la Universidad Católica. “Las bombas de calor entregan al agua más energía que la electricidad que consumen desde la red, porque capturan calor del ambiente. Constituyen una mejora importante en eficiencia y confiabilidad; su principal limitante continúa siendo el costo inicial”, señala.

El académico también destaca el potencial de los sistemas solares térmicos, ya que “tienen una vida útil cercana a veinte años, requieren poco mantenimiento y, una vez recuperada la inversión, prácticamente eliminan el costo de operación durante ese período”.

A ello se suma que Chile dispone de condiciones particularmente favorables para esta tecnología debido a sus altos niveles de radiación solar, lo que permite cubrir una parte importante de la demanda anual de agua caliente.

Importancia del diagnóstico
Los especialistas advierten que incorporar equipos de última generación no garantiza, por sí solo, una mayor eficiencia.

Cardemil sostiene que la primera decisión debe ser conocer cómo y cuándo se consume agua caliente. “La clave no está en instalar el sistema más avanzado, sino en identificar el perfil de consumo de la vivienda o del edificio y seleccionar la tecnología que mejor se adapte a esa realidad”, afirma. Agrega que, en muchos casos, una estrategia adecuada de operación puede generar ahorros comparables a los obtenidos mediante el reemplazo de equipos.

En la misma línea, Rubilar dice que el punto de partida debe ser un diagnóstico energético que permita detectar oportunidades de mejora y priorizar las inversiones. “Muchas medidas, como optimizar temperaturas, incorporar aislación térmica, programar correctamente la recirculación o realizar mantenciones periódicas, requieren inversiones relativamente bajas y generan beneficios inmediatos”, sostiene.

Optimizar la producción de agua caliente permite disminuir simultáneamente el consumo energético, los costos operacionales y las emisiones. 

*Publicada en El Mercurio.